Cuando no sabemos qué exigir, otros deciden por nosotros

En la República Dominicana, cada cuatro años millones de ciudadanos acuden a las urnas con la esperanza de un cambio. Sin embargo, una realidad persiste elección tras elección: la mayoría de los votantes no conoce con claridad qué funciones tienen los cargos por los que vota. Esta falta de educación política abre la puerta al populismo, debilita la democracia y permite que muchos funcionarios electos actúen sin rendición de cuentas real.

Cuando no se sabe qué debe hacer un regidor, un diputado o un alcalde, tampoco se sabe qué exigir, qué fiscalizar ni cuándo denunciar una mala gestión. Y allí es donde el sistema comienza a fallar.

¿Qué debe hacer realmente cada autoridad?

El regidor (concejal)

El regidor es parte del Concejo de Regidores del ayuntamiento. Su rol es normativo y fiscalizador, no asistencial.

Funciones principales:

  • Aprobar ordenanzas y resoluciones municipales.
  • Fiscalizar la gestión del alcalde.
  • Aprobar el presupuesto municipal.
  • Representar los intereses de las comunidades.
  • Supervisar el uso de los fondos públicos locales.

Lo que NO debe hacer:
Repartir ayudas personales, gestionar empleos, regalar fundas o hacer clientelismo político.
✔️ Su trabajo es institucional, no caritativo.

El alcalde o síndico

Es el ejecutivo del municipio.

Funciones principales:

  • Administrar el ayuntamiento.
  • Ejecutar el presupuesto municipal.
  • Garantizar servicios como limpieza, ornato, cementerios, mercados y espacios públicos.
  • Dirigir el personal municipal.
  • Ejecutar las ordenanzas aprobadas por los regidores.

❌ No es un “benefactor personal”
✔️ Es un gerente público.

El diputado

El diputado es un legislador nacional, no un gestor de favores.

Funciones principales:

  • Elaborar, modificar y aprobar leyes.
  • Fiscalizar al Poder Ejecutivo.
  • Aprobar el Presupuesto General del Estado.
  • Representar a su provincia o circunscripción en el Congreso.
  • Interpelar ministros y funcionarios.

❌ No está para pagar funerales ni resolver problemas individuales
✔️ Está para hacer leyes justas y vigilar al gobierno

El senador

Tiene funciones similares al diputado, pero representa a toda una provincia.

Funciones clave:

  • Legislación nacional.
  • Aprobar tratados internacionales.
  • Participar en la elección de altos funcionarios (Cámara de Cuentas, JCE, etc.).
  • Control político del Estado.

El problema del voto populista

En nuestro país, gran parte del electorado vota:

  • Por simpatía.
  • Por regalos.
  • Por promesas vagas.
  • Por presión económica o emocional.

Este tipo de voto no evalúa capacidades, planes ni resultados, sino discursos atractivos. El resultado es un círculo vicioso:

  1. El pueblo no conoce funciones.
  2. Elige mal.
  3. No exige.
  4. El político incumple.
  5. La democracia se debilita.

Muchos políticos se aprovechan de esta desinformación, sustituyendo políticas públicas por asistencialismo, y rendición de cuentas por propaganda.

Educación política: una urgencia nacional

La solución no es solo cambiar políticos, sino formar ciudadanos.

¿Qué debemos aprender cómo sociedad?

  • Qué hace cada cargo público.
  • Cómo funciona el presupuesto del Estado.
  • Cuáles son los derechos y deberes ciudadanos.
  • Cómo exigir transparencia y rendición de cuentas.

La educación política debería estar presente:

  • En las escuelas y liceos.
  • En universidades.
  • En medios de comunicación.
  • En iglesias, clubes y organizaciones comunitarias.

Conocer los partidos y sus ideales

No todos los partidos piensan igual, aunque muchos se parezcan en campaña.

El votante responsable debe preguntarse:

  • ¿Cuál es la ideología de este partido?
  • ¿Qué propone sobre educación, economía, justicia y salud?
  • ¿Cómo ha actuado cuando ha gobernado?
  • ¿Quién financia a este candidato?

Votar sin conocer estas respuestas es delegar el futuro a ciegas.

Los poderes del Estado y el peligro del desequilibrio

La democracia se sostiene sobre tres poderes:

  • Ejecutivo
  • Legislativo
  • Judicial

Estos deben ser independientes y equilibrados.
Cuando un solo partido controla todo:

  • Se debilita la fiscalización.
  • Aumenta el riesgo de corrupción.
  • Se politiza la justicia.
  • Se limita la oposición.
  • Se reduce la pluralidad democrática.

El equilibrio no es división, es salud institucional.

Votar informado es un acto de responsabilidad

La democracia no se daña solo por malos políticos, sino también por ciudadanos desinformados.
Un pueblo que conoce:

  • Elige mejor.
  • Exige más.
  • Tolera menos abusos.
  • Fortalece sus instituciones.

La República Dominicana necesita menos populismo y más conciencia cívica.
Menos promesas emocionales y más propuestas reales.
Menos seguidores y más ciudadanos.

Porque cuando sabemos qué deben hacer quienes elegimos, nadie puede engañarnos fácilmente.

Entre lo popular y lo correcto: el gran contraste de la política dominicana

Uno de los mayores problemas de la democracia dominicana no es solo la corrupción o la ineficiencia, sino la distorsión del rol público. Con el paso de los años se ha normalizado que los funcionarios hagan cosas que no les corresponden, mientras ignoran las que sí son su verdadera responsabilidad. Esta confusión ha sido alimentada tanto por políticos oportunistas como por una ciudadanía poco informada.

Regidores: del fiscalizador al gestor de favores

Lo que popularmente hacen (y no deberían):

  • Reparten fundas, canastas y ayudas personales.
  • Gestionan empleos en el ayuntamiento.
  • Prometen resolver problemas individuales.
  • Actúan como “enlaces” políticos del alcalde.
  • Buscan protagonismo en actos sociales en lugar de sesiones del concejo.

Lo que deberían hacer (y muchas veces no hacen):

  • Fiscalizar con firmeza la gestión del alcalde.
  • Revisar y cuestionar contratos y licitaciones.
  • Aprobar ordenanzas que mejoren la convivencia municipal.
  • Escuchar a las comunidades de forma institucional, no clientelar.
  • Rendir cuentas públicas de su labor.

Consecuencia del error:
El ayuntamiento se convierte en un centro de favores, no en una institución eficiente.

Alcaldes o síndicos: de gerentes públicos a benefactores improvisados

Lo que popularmente hacen (y no deberían):

  • Regalan dinero o materiales sin planificación.
  • Inauguran obras mal ejecutadas solo para la foto.
  • Nombran personal por compromiso político.
  • Usan el presupuesto para propaganda.
  • Resuelven problemas fuera de sus competencias legales.

Lo que deberían hacer (y muchas veces no hacen):

  • Planificar el desarrollo urbano del municipio.
  • Ejecutar un presupuesto transparente.
  • Garantizar servicios básicos de calidad.
  • Fortalecer la institucionalidad municipal.
  • Publicar informes periódicos de gestión.

Consecuencia del error:
Municipios desordenados, endeudados y dependientes del carisma del alcalde.

Diputados: de legisladores a “diputados sociales”

Lo que popularmente hacen (y no deberían):

  • Pagan entierros, medicinas y pasajes.
  • Gestionan empleos en ministerios.
  • Reparten electrodomésticos.
  • Prometen resolver problemas personales.
  • Se ausentan del Congreso sin consecuencias visibles.

Lo que deberían hacer (y muchas veces no hacen):

  • Elaborar leyes de impacto social real.
  • Fiscalizar al Poder Ejecutivo.
  • Estudiar y debatir proyectos con profundidad.
  • Consultar expertos y sectores sociales.
  • Rendir cuentas legislativas a su provincia.

 Consecuencia del error:
Un Congreso débil, poco productivo y desconectado de los problemas estructurales del país.

Senadores: representantes provinciales, no “jefes políticos”

Lo que popularmente hacen (y no deberían):

  • Se presentan como autoridad máxima de la provincia.
  • Interfieren en instituciones locales.
  • Usan su poder para influir en nombramientos.
  • Promueven liderazgos personales por encima de la institucionalidad.

Lo que deberían hacer (y muchas veces no hacen):

  • Defender los intereses de su provincia desde la legislación.
  • Garantizar equilibrio en decisiones nacionales.
  • Participar activamente en la elección de órganos clave.
  • Fiscalizar con independencia, incluso a su propio partido.

Consecuencia del error:
Concentración de poder y debilitamiento de los controles democráticos.

La cultura del asistencialismo: el gran engaño

El asistencialismo ha sido vendido como “sensibilidad social”, cuando en realidad es una estrategia de control político. Ayudar individualmente puede ser humano, pero no es política pública.

  • Una funda no sustituye una ley.
  • Un empleo no reemplaza una política de desarrollo.
  • Un favor no equivale a una institución fuerte.

Mientras el ciudadano siga aplaudiendo lo que no corresponde, el político seguirá evadiendo lo que sí le toca hacer.

Lo que el ciudadano debería exigir (y no exige)

  • A los regidores: ordenanzas, fiscalización y transparencia.
  • A los alcaldes: servicios eficientes y planificación.
  • A los diputados y senadores: leyes útiles y control del poder.
  • A todos: rendición de cuentas claras.

Cuando el pueblo exige regalos, recibe regalos.
Cuando el pueblo exige institucionalidad, recibe progreso.

Educación política: romper el ciclo

La solución pasa por una reeducación cívica profunda:

  • Enseñar funciones reales de cada cargo.
  • Diferenciar gestión pública de clientelismo.
  • Promover debates de ideas, no de regalos.
  • Evaluar resultados, no discursos.

Un ciudadano educado políticamente no se deja comprar, no se conforma, no idolatra, exige.

Conclusión final

La política dominicana no mejorará solo cambiando nombres, sino cambiando la mentalidad colectiva.
Mientras sigamos premiando lo incorrecto y castigando lo institucional, seguiremos atrapados en el mismo ciclo.

La democracia no se fortalece con aplausos, sino con conciencia.
No con favores, sino con funciones claras.
No con populismo, sino con ciudadanos informados.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *